Ana en Tiempos de Vacas Flacas
Una Inmigrante Salvadoreña Se Siente Afortunada de Tener un Salario Digno Con el Cual Cuidar a Sus Hijos

La Opinión - 02 de Junio de 2005
Por Jorge Luis Macías

Nacida en Sonsonate, El Salvador, Ana Espinoza llegó a Estados Unidos en 1983. Proveniente de una familia humilde, esta madre se siente "afortunada" por ganar un salario digno de 12.50 dólares por hora, que le permite educar ella sola a sus dos hijos y llevarlos al menos una o dos veces al mes a comer un bistec fuera de casa.
Ana es una persona "milusos" protegida por una ordenanza municipal sobre el sueldo que percibe. En Los Ángeles, puede hallársela vendiendo "perros calientes" en un carrito de los Restaurantes Levy, como cajera, cocinera o limpiando mesas.

También su vida transcurre semanalmente en el Staples Center durante los juegos de basquetbol de Lakers o Clippers, o como bartender en el Centro de Convenciones de Los Ángeles.

Ella está cerca de los grandes eventos deportivos y del mundo del espectáculo. Se la puede ver, además, antes, durante y después de los juegos de futbol soccer en el Home Depot Center, sede de los equipos LA Galaxy y Chivas USA, o en las tribunas del Hollywood Park.

Las temporadas deportivas en Los Ángeles son época de fiesta y celebración para Ana. Con suerte, si trabaja más de 60 horas por semana su cheque podría rondar entre 750 y 850 dólares.

Contar con esa fortuna le redituará que sus patrones le cubran por completo beneficios médicos para ella y sus hijos René y Katrina, de 14 y 8 años de edad, respectivamente.

En caso contrario, lo que gane lo administrará de tal forma que no tendrá por qué preocuparse de los pagos mensuales de la renta de su apartamento, teléfono, luz y agua.

"Los 'biles' [pagos mensuales] son lo que lo matan a uno, y antes de que yo me compre un vestido o zapatos, primero pienso en la comida y techo para mis hijos", dijo Ana.

Sin embargo, desde que se implementó la ordenanza del salario digno en Los Ángeles, en 1997, Ana comenzó ganando 8.75 dólares por hora; después recibió aumentos por las conquistas contractuales del sindicato Unite-Here Local 11, al que pertenece.

"Hay que ser claros. En este país, aunque uno diga que gane bien, el salario digno apenas sirve para irla pasando", dijo la madre.

Ella se siente contenta porque un buen cheque le alcanzará para ir con René y Katrina a la playa o al parque a comer un helado.

"A veces con mis ahorritos puedo llevarlos a degustar un bistec a la calle", indicó. "Cuando no se puede, pues sólo comemos frijoles y huevitos".

Ana fue una de las 320 personas entrevistadas para un estudio de economistas de la Universidad de California, quienes pusieron en evidencia que una ley de salario digno en Estados Unidos no hace al rico más millonario, ni al pobre lo envía a la ruina.

"En época de vacas flacas, mis ahorritos me sacan adelante", aseveró la inmigrante salvadoreña.

El privilegio de Ana es único, porque, de hecho, el Staples Center, Convention Center y Home Depot Center son instalaciones cubiertas por la ley del salario digno en Los Ángeles.

Años atrás, ganaba mucho menos como "vendedora independiente" en las afueras del Coliseo Memorial. Ha aprendido que a sus patrones les gusta que se pueda desempeñar en varias posiciones, y a ella le gusta aprender de todo.

"En cualquier emergencia, ahí estoy yo, lista para trabajar", subrayó.

De ese modo, las horas trabajadas por Ana en cierto lugar o en tiempo suplementario yendo de aquí para allá, y de allá para acá, le ha permitido conquistar un salario digno de 12.50 por hora.

"En la semana recorro Los Ángeles de norte a sur, y viceversa. Y eso que no tengo carro", relató Ana. "Por eso digo que con el salario digno y un buen contrato los patrones nos respetan un poco más como trabajadores y como humanos, y en tiempos de necesidad mis ahorritos me sacan adelante junto a mis hijos".

 

 

LosAngelesLivingWageStudy.org